
Otra vez estoy aquí…
De nuevo ante tus ojos, convocada por el profundo misterio que encierra tu mirada. ¿Es hastío, ignorancia o ironía? ¿En que piensas, con tus ojos, fijos, allá en la lejanía?
Han pasado los siglos y los hombres, continúan debatiendo tus motivos. Que si es duda, temor, tristeza o desconsuelo. Algunos creen que esos ojos y las manos, protegiendo tu regazo, insinúan de un futuro heredero la llegada. Otros hablan de altivo aburrimiento, desdén o quizas, cruel sometimiento.
Insinuan tambien los maldicentes que tu mirada, fija en el espejo que te enfrenta, quiere confirmar si puedes parecer inteligente, gracias a la frente que luces depilada.
Aún peor, sucias mentes de aquel tiempo, sugirieron la existencia de ilegales amores con el pintor que plasma tu retrato.
Sagaz o boba, mujer sutil o muñeca que decora la residencia del rico mercader que es tu marido. Con un gesto indiferente, acaso negligente conquistaste a los hombres y a la historia.
¡Y pensar que esta fama por la que otros dan la vida y hasta el alma, llegó a ti por algo tan banal como tener los ojos nublados por algunos grados de miopía...!
María del Rosario Márquez Bello
Rorry, la Charo
LA GIOCONDA . LA OBRA MAS FAMOSA DE TODA LA HISTORIA .
Está pintada entre 1503-1506, sobre una delgada tabla de madera de álamo , extraordinariamente frágil . Se conserva en el Museo del Louvre en una urna de cristal a prueba de balas (Hay quien afirma que soportaría el impacto de un misil). Leonardo preparó minuciosamente la tabla , con múltiples capas de enlucido. Dibujó el motivo del cuadro y después aplico el óleo, sabiamente diluido en aceite esencial. Ello le permitió aplicar innumerables capas de pintura en forma de veladuras , con finas pinceladas imperceptibles que magistralmente aplicadas hacen tan real a este cuadro. La técnica se ha dado en llamar "Sfumato" .Consiguiendo un difuminado de los contornos de la figura , jugando con luces y sombras que dotan al personaje de relieve y de misterio. La figura de la modelo adquiere una humana vitalidad, con una inefable expresión en el rostro, que parece observarnos y meditar. Las manos parecen dotadas de movimiento.El paisaje se pierde en la lejanía, diluyéndose en la nada, como sucede en la observación de la realidad. Esta técnica permite una ejecución perfecta de las carnaduras, gracias al tratamiento refinado de la figura, que está sumida en un claroscuro ambiental.